Imagen goyesca: arte, casta y emoción en la noche tlaxcalteca
Imagen goyesca: arte, casta y emoción en la noche tlaxcalteca
Tlaxcala, Tlax. – La plaza de toros «Jorge ‘El Ranchero’ Aguilar» fue anoche un museo viviente. Con su coso recién engalanado con nuevos detalles pictóricos que evocan la estampa negra y los caprichos del genio de Fuendetodos , el escenario quedó vestido de gala para recibir la tradicional Corrida Goyesca.
El reloj marcó las ocho de la tarde cuando el presidente de la plaza, luciendo el traje de época característico del siglo XVIII, dio la señal. La Banda de Música del Estado atacó un pasodoble y el paseíllo comenzó, transportando a los asistentes a una época donde el toreo se vestía de seda y encajes.
Sebastián Castella, el galo que no pisa este coso desde 2017 , demostró por qué sigue siendo una figura del toreo mundial. Vestido de goyesco, con chaleco adornado y casaca corta, el de Béziers derrochó torería y oficio. Su rival, un ejemplar de la divisa de Julián Hamdam de buenas hechuras y notable bravura , tuvo clase y transmisión. Castella, firme con la muleta y templando con una lentitud que hizo vibrar los tendidos, logró varias series de gran factura artística. Un pinchazo y una estocada entera hicieron pasear la oreja del toro por el ruedo.
El segundo de la terna, el hidrocálido Héctor Gutiérrez, se lució con capote, guardando la cara y ejecutando verónicas de seda que abrieron el compás del público. En la muleta, el toro, un poco parado pero noble, le dio opciones. Gutiérrez aprovechó para realizar una faena inteligente, ligando tandas con la izquierda que supieron a gloria. Mató de una estocada recibiendo, un adorno que no pasó desapercibido y que le valió también el apéndice.
El joven Diego San Román, vestido con la elegancia que dicta la ocasión, completó el cartel. En el primero de su lote, mostró destellos de un concepto moderno del toreo, aunque con la espada estuvo desafortunado. Sin embargo, en el cuarto de la noche, la plaza vio su redención. Un toro noble y fijo le permitió desplegar un repertorio variado, gustando especialmente en redondos de trazo largo. Una estocada hasta los puños hizo que el juez concediera la oreja, consolidando una actuación que promete grandes tardes para la nueva escuela mexicana.
Previamente, el novillero local Daniel Sánchez abrió la tarde con un grato sabor de boca, dejando claro el semillero de la cantera tlaxcalteca. La empresa Redondeles, que organizó la gala, redondeó la noche con un lleno casi absoluto en los tendidos y el deseo de repetir la Goyesca año con año. Los aficionados salieron con la sensación de haber sido testigos de una función para enmarcar, donde el arte de Goya y el arte de Cúchares se dieron la mano en tierra tlaxcalteca.










